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La comida como prevención

Genética, edad, bacterias, virus, contaminación ambiental, radiaciones, químicos, peso, sistema inmunitario deprimido, estilo de vida… son factores que pueden favorecer la enfermedad…

Está claro que la genética que uno tiene o la edad, son factores no modificables… pero, ¿hay algo más que podamos hacer? ¿hay algo en nuestras manos?

En cuanto a factores externos no dietéticos, podemos tomar medidas tales como cuidar la piel frente a las radiaciones ultravioleta, no fumar, evitar contaminaciones ambientales…

Y en relación con lo que comemos, podemos hacer y mucho. A continuación, te damos unas recomendaciones que te ayudarán a dar calidad a la vida, independientemente de la edad que tengas:

  • Consume alimentos lo más naturales posible, ricos en carbohidratos complejos, fibra, vitaminas naturales y minerales. Evita los alimentos procesados, que generalmente son ricos en grasas animales saturadas, colesterol, azúcar y sal.
  • Aumenta el consumo de frutas y verduras (5 raciones/día). Elige las de temporada, combinando colores. Y si puedes, que procedan de la agricultura ecológica. ¿Qué te aportan? Pocas calorías, poca grasa, pocas proteínas e hidratos de carbono (aunque varía entre unos y otros); pero lo que todas te van a aportar son valiosas vitaminas, minerales y fitonutrientes. No abuses de aquellas ricas en almidón (como las patatas).
  • Aumenta el consumo de pescado (evitando aquellos que, por su tamaño, pueden haber acumulado metales pesados en su organismo). Mejor, los pequeños: sardinas, caballa, boquerones…
  • Toma alimentos no refinados, la fibra que aportan será mayor. La fibra tiene importantes propiedades como: reducir el tiempo de tránsito intestinal, es fermentable por la microflora del colon, reduce el nivel de colesterol total en sangre y/o el nivel de colesterol LDL, reduce la glucosa y/o los niveles de insulina después de una comida…
  • Disminuye los alimentos con azúcares añadidos. Las bebidas refrescantes son muy ricas en azúcares y no hidratan… lo mejor para hidratarse: el agua.
  • Minimiza el consumo de carne roja y productos procesados de carne, ricos en grasa saturada y colesterol.
  • Disminuye el consumo de sal. Un consumo excesivo puede favorecer una serie de problemas, como son la hipertensión arterial, enfermedades cardiacas y cerebrovasculares, osteoporosis… Las papilas gustativas se adaptan a un menor consumo de sal aunque cueste un poco al principio. Dentro de las opciones, la sal marina sin refinar es la más aconsejable por la cantidad de oligoelementos que contiene.
  • Alcohol, mejor evitarlo y sino, consúmelo de forma “muy” moderada.
  • Las técnicas para cocinar, cuanto menos agresivas, mejor. Todo tratamiento que suponga un aumento de temperatura, lleva consigo un cambio en las características de los alimentos y pueden formarse productos no deseados. Aplica técnicas como la cocción al vapor, el wok… Consume también alimentos que no necesiten ningún tipo de elaboración culinaria (ensaladas…).
  • Aprende a disfrutar en la cocina. Cada vez cocinamos menos, pero a cambio nuestra salud se resiente…